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“No grites, no hagas papelones que no es para tanto”.

Se oye un grito desgarrador entre las góndolas del “Naval” un supermercado del barrio de la Marina de Croa, en la zona que se conoce como Canajuré, entre Canasvieiras y Jureré y que tiene fama de poseer la arena más blanca, el agua más caliente y el paisaje más lindo de la isla de Florianópolis. El que grita es un hombre de unos 40 años que en su primera frase ya se presenta como de Córdoba “caaapital”.

“No puede ser”, se lamenta el tipo.

“Por tu culpa”, le reprocha a una mujer rubiona que lo mira indignada, con cara de “no hagas papelones que no es para tanto”.

Todo indica que los argentinos en el sur de Brasil este verano tienen todo para disfrutar sin muchas más complicaciones económicas que las que encontrarían esta temporada en la costa argentina.

Este año no hubo aluvión de patentes argentinas en las playas de la isla de Florianópolis. Es una ausencia que se nota. Pero los que se animaron la disfrutan sin mayores sobresaltos de bolsillo. Eso si: hay que saberla hacer.

LA BENDITA RESOLANA

La diferencia la marca una frase: “o sol nao aparece, más parece”. Los argentinos la hacemos más sencilla y a eso le decimos resolana. La de acá se siente en la piel y en la temperatura del agua. En un día nublado la postal de la playa es como si fuese un día de sol pleno de “allá”, donde la resolana no es tan generosa y suele ir acompañada de un viento molesto que inclina al dictamen de “no es día de playa”. Acá la arena blanca se cubre de sombrillas. Tampoco es que tengan un acuerdo con el de Arriba que los libre de la “chuva”. A veces llueve y fuerte pero la mayoría de las veces cae como un spray que se va por donde viene. Para los argentinos, -bastante pocos este año- , que decidieron seguir militando en la aventura de los 1.800 kilómetros en auto, es más que suficiente.

Los vaivenes de la economía -sobre todo la nuestra- impusieron este año reglas más duras para los argentinos en Floripa. Algunos precios dan miedo pero lo bueno es que están dadas las condiciones para esquivarlos. El mejor ejemplo es la comida. Sentarse a la mesa de un restorán puede ser, a la hora de la cuenta, “lo mismo que allá” o un fuerte golpe al bolsillo. Para resumir: se puede comer por 1.500 pesos nuestros por cabeza. La gran diferencia la marca “la comida en casa” o preparada para llevar en el “conservador de praia”. Ahí es donde tallan los supermercados minoristas y los “atacadistas”, los grandes mayoristas que se alinean junto a la autopista que intercomunica a las playas de la isla. Es como si hubiese un Nini al lado de otro. En algunos rubros no hay diferencia con las góndolas argentinas. También las diferencias de costos la marcan la forma de pago. Si se paga en efectivo, el precio en reales se multiplica por 40. Si es con crédito o débito baja a los 32 a 35.

EL SUPERMERCADO AMIGO

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Por ejemplo, un kit de desayuno con un queso crema (el famoso requeijao) empieza con $227 pesos (6,50 Rs), un frasco de mermelada $ 175, un pan lactal grande $300; un sobre de 150 gramos de “presunto”, como le dicen acá al jamón, anda por los $223 y un pote de medio kilo de yogur con frutas $279 y lo mismo para 150 gramos de muzzarella fetiada.

La fruta y la verdura ofrece un abanico que va a de los $40 a los $120 el kilo y un peceto entero anda por los $1.900 nuestros. Una “Maminha”, que al decir de los relatores deportivos podría “hacer las veces” de vacío, cuesta $2.000 un pedazo de 1,600 kg. Un robusto pollo al spiedo se consigue por $1400.

“Yo vine a disfrutar de una playa y un clima que allá no tengo. Y a comer y beber sin privarme de nada. No vine a comprar ni ropa, ni hamacas paraguayas, ni a sentarme todos los días en un restorán”, se rebela un argentino que entrega un dato para fumadores. Dice que los tradicionales “Hollyvuches” ya no existen y que un atado de Marlboro anda por los 350 pesos nuestros. Pero hay otras marcas a $ 250, unos 5 Rs.

La nafta no tiene precio oficial de manera que va de los 7,90 Rs ($260) a los 6,02 RS $210 en el caso de la “aditivada” y bastante menos la súper.

¿Y la súper que tal es?, pregunta un automovilista argentino preocupado por la performance de su máquina con un combustible no premium.

En una estación de servicios Ipiranga, un playero uruguayo radicado en Canasvieiras lo tranquiliza.

“No hay diferencia, además acá a más de 110 no se puede andar, está lleno de radares”, apunta.

LOS PRECIOS EN LA PLAYA

Los valores en la playa no están muy lejos de lo que se pagaría en cualquier bar de La Plata y ni hablar de la costa argentina. Una caipirinha en vaso de medio litro cuesta $700 y todos los vendedores llevan posnet para poder cobrar “con cartao”. Un milho verde, el choclo, anda en los $350 y una lata de cerveza sube a $245. Si se la compra en el supermercado o en el atacadista y se la lleva a la playa en la heladerita, se puede hacer una diferencia interesante: $79 la lata. Lo mismo ocurre con la gaseosa cola. Un helado de agua cuesta entre $250 y $280. Un “sandwich” de pan lactal bien cargado de presunto y queijo, con tomate y lechuga se paga 480 pesos. Sideral diferencia si se lo lleva preparado desde casa.

Existe, como es tradicional, la oferta del tenedor libre o la comida por peso con mucho pescado y mariscos frescos, entre otras opciones, que va de los 35 a los 40 reales, unos 1.200 por persona más la bebida. Este año algunos locales implementaron el sistema “marmita” que consiste en llenar de una fuente de telgopor entre pequeña y mediana, para llevar a la playa. Cuesta 16 reales, unos 560 pesos si se paga con “cartao”.

¿Platenses? Hasta ahora el único y lejano indicio fueron tres camisetas del Lobo dentro de una Ford Ranger, a paso lento por la Avenida de las Naciones, la troncal de Canasvieiras.

El dólar en Brasil se cambia a 5.40 Rs y los alojamientos se calculan en cuadras de cercanía o lejanía de la playa. Los primeros, los que tienen la arena detrás de la puerta, arrancan en $600 Rs diarios, unos $24.000 y los valores bajan a medida que pasan las cuadras hasta llegar a los 200 Rs, cerca de $8.000 diarios.

ALUGA-SE

“Me pidieron 70 mil pesos por un departamento una semana en la costa, donde cada vez que me meto al agua salgo congelado”, se ataja un argentino que celebra haber podido “alugar” directamente con la dueña de la casa para cuatro que ocupa a dos cuadras y media de la concurrida playa de Canasvieiras, por 270 Rs diarios a casi 11 mil pesos. La notable ausencia de argentinos se nota en otra ausencia: los que parados en las esquinas ofrecen casas y departamentos en alquiler con el cartel de “aluga-se”. Este año casi no se ven y algunas inmobiliarias han decidido bajar las comisiones para permitir “que alquilen los argentinos”.

Un milho verde, el choclo, anda en los $350 y una lata de cerveza cuesta $245

La diferencia económica del veraneo 2022 en la “Isla de la Magia”, (llamada así por los brujos, brujas y alquimistas que se refugiaron en la época de la Inquisición) la marca, eso si, el nivel de compra de diferentes artículos tales como ropa o souvenires. En la playa de Jureré, un vendedor de mantas tejidas en hilo arrancó pidiendo 120 Rs para terminar rogando que le compren a 30 Rs.

“El brasileño no es de comprar en la playa, el argentino si. Pero desde el 1 de enero no le vendí nada a nadie”, confiesa.

ESCASO QUESINHO

Lo mismo le pasa a los vendedores del clásico “quesinho”, una pequeña barra de queso de cabra impregnado en orégano que tuestan en un brasero. Manjar. Este año la oferta es uno por $320; dos por $600 y tres por $800.

“Le pedimos al concesionario que haga un precio especial para argentinos, porque no estamos vendiendo nada”, es otra confesión playera.

El sur de Brasil enfrenta la pandemia con sumo cuidado. Con barbijo y sin eventos masivos. En las playas más concurridas hay sombrillas cerca pero no encimadas.

Este año la mayoría de los argentinos se decidió por el camino más largo, el del correntino Paso de los Libres y el brasileño uruguayana. El camino corto, cruzar por Uruguay, quedó complicado por la exigencia de presentar PCR. Brasil solo pide vacunación completa. Y ojito con intentar alguna truchada porque los gendarmes brasileños controlan la autenticidad de los certificados metiéndose en la red de la aplicación Mi Argentina. Al regreso, Argentina exige un PRC de 72 horas antes de cruzar. Los costos arrancan en los 6.000 pesos nuestros.

El cordobés del grito desgarrador entre las góndolas acepta contar su drama.

CHAU FERNET, HOLA caipirinha

“Le dije a mi señora que me iba a traer dos ó tres botellas de fernet y me dijo que me dejara de joder de andar llevando botellas de vidrio, que mirá si en la aduana te la sacan, que por unos días sin fernet no me iba a morir. Y que en algunos supermercados de acá lo venden. Me dijo: ‘si estás tan desesperado te comprás una allá’. Le hice caso y mirá y el resultado”.

El tipo se acerca a una góndola donde sobre el pecho redondeado de una botella de la marca más famosa de fernet se lee: “98 Rs”.

Son, 3.920 pesos criollos. Ponele 4 mil la botella.

“Le dije que me tenía que traer dos botellas, le dije”, insiste en cordobés.

“Dejá de hacer papelones. No seas ridículo. Venís a Brasil a tomar fernet. Tomá caipirinha”, refuta la mujer rubiona, que a esta altura ya se nota que la está disfrutando.